El periodista debe ser crítico al poder más aún cuando hay corrupción y soberbia

Por Jaime Loayza Zegarra
La nueva generación de periodistas tiene el desafío de contar los hechos con mayor claridad; la gente quiere ver y leer la información de distintos ángulos para entender y tomar una posición.
17 de Noviembre del 2017 19:17

El periodista debe estar listo para la decepción y para alegrarse de las buenas novedades, sin tomar partido, sin tomarlo personal. Nadie nos ha elegido por voto directo para cambiar las cosas, pero cuando la gente opta por seguirnos, por leernos, nos da el crédito para responder día a día con información útil, oportuna y veraz. 

 

Desde la instauración de la democracia en 1982, pasaron varias generaciones de periodistas que dieron cuenta de las funestas dictaduras, persecuciones políticas, represalias, violencia extrema. Ya en la década de los años 90, hubo un cambio generacional de periodistas en radios, periódicos y canales de televisión. La “vieja guardia” dio, progresivamente, paso a una nueva pléyade y se marchó a los cuarteles de invierno, muchos ya no regresaron. 

 

Sin embargo, a partir de la primera década de este siglo, los otrora jóvenes y entusiastas periodistas que escucharon y aprendieron en las salas de redacción las recomendaciones y consejos de los experimentados, comenzaron a ocupar cargos jerárquicos en los medios de prensa, buscaron entonces -como los antiguos- a marcar su huella en tiempos de democracia y compitieron por poner en evidencia los hechos de corrupción y conductas antiéticas de las autoridades de Gobierno. 

 

Enfrentaron con rigurosidad a las autoridades estatales, legislativas, judiciales, policiales y militares que eran considerados deshonestos. Asumieron un papel del “cuarto poder” y la gente empezó a conocer un ritmo incesante de críticas y escándalos; a veces con fuentes informativas y a veces no. 

 

En esos tiempos, un buen periodista era el que aportaba para la destitución de una mala autoridad. El estar detrás del poder se convirtió, en algunos casos, una obsesión. La cúspide de ese periodismo se vivió en las jornadas de octubre de 2003, cuando cada reportero, locutor, conductor de televisión y periodista de diversos medios aportó para la salida de Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003) y allanó el camino para la asunción del presidente Evo Morales (2006-2010, 2010-2015, 2015-2019). 

 

Desde la llegada al poder del “Jefazo” las cosas cambiaron sustancialmente en el país mejoró la economía y hubo estabilidad política, pero también se hizo más evidente la rivalidad entre los periodistas que apoyaron al MAS y los que son considerados contrarios al proceso de cambio a causa de la corrupción (paraestatales vs medios privados independientes). 

 

No obstante, en estos 10 años de Evo los medios, considerados opositores, no tuvieron ni tienen acceso a la propaganda estatal. Aquí surge la siguiente pregunta: ¿Los recursos publicitarios del Gobierno son utilizados para premiar a los medios masistas? La televisión estatal y la otrora radio Illimani se convirtieron en los canales para transmitir en directo —mañana, tarde y noche— los actos públicos y discursos del Jefe del Estado, que visita y entrega obras en los municipios, pero sin lugar a críticas contra el Jefazo.

 

Existe un desgaste en la estructura del Estado y a pesar de los esfuerzos gubernamentales, la crisis en el sistema judicial es cada vez peor, al igual que la violencia contra la mujer y los niños. El narcotráfico, la inseguridad ciudadana, la corrupción y el contrabando, que se constituyen en los grandes problemas aún sin resolver. 

 

El periodismo, aquel que ponía en evidencia los casos de corrupción, a veces con fuentes y otras no, parece que se ha autocensurado, ahora existen reparos. Pero esto tiene que contribuir a dar mayor pie al trabajo riguroso y responsable. Para ser periodista en Bolivia hay que tener la voluntad y la pasión; leer más para contar con las herramientas tecnológicas y de la investigación, de esa manera uno tiene las armas para ser crítico ante el poder ya la soberbia presidencial. 

 

La nueva generación de periodistas tiene el desafío de contar los hechos con mayor claridad; la gente quiere ver y leer la información de distintos ángulos para entender y tomar una posición. Quiere enterarse a través de los artículos de prensa, reportajes y crónicas, de lo que realmente pasa y de las perspectivas. Entonces, como reflejaba el premio Pulitzer, Ryszard Kapuscinski, el periodista debe asumir con mayor dedicación, sin tomar partido, en fortalecer su trabajo, en reflejar la realidad viviéndola intensamente, debe estar listo, como decía don Huáscar Cajías, para ser un especialista en generalidades, pero también puntilloso, preciso y profundo para discernir entre verdad y mentiras.
 

 

Por

Jaime Loayza Zegarra

Es titulado en Comunicación Social de la Universidad Mayor de San Andrés y director de la Agencia de Noticias Red País.