Buena Fuente y algunos apuntes

Por Grover Yapura Aruquipa
24 de Agosto del 2017 03:03

Cuando un grupo de jóvenes como los que forman parte de Buena Fuente emprenden un proyecto que ya lleva cuando menos tres meses de existencia, los argumentos para creer, militar, enseñar y hacer periodismo se multiplican. Se multiplican porque se aprecian los resultados de los respetables docentes que estimulan a los estudiantes a inclinarse por el periodismo, a pesar de que las universidades no le dan la importancia. Se multiplican las razones para reafirmarse en esta opción de vida, porque aparecen hombres y mujeres que eligen ejercerla, con todos los riesgos y beneficios que suponen.

 

Buena Fuente es, además, el inicio de un sueño –podría llamarse también aventura- diferente. Su semilla lleva los genes de un grupo de jóvenes decididos a experimentar las utilidades del tropiezo, a sentir el silencio de quienes miran de palco y sufrir en carne propia las vacilaciones impulsadas por las imprescindibles críticas, las inseguridades irresueltas y las pretensiones humanas. Los periodistas de Buena Fuente han optado por la experiencia propia, han elegido arriesgarse al fracaso y a soñar con el éxito. Y ése ya es un gran paso. Lo demás vendrá por efecto de la gravedad.

 

Pues gracias a la invitación de los integrantes de Buena Fuente, he optado por escribir algunos apuntes sobre la opción de vida llamada periodismo.

 

No tiene sentido ingresar en el debate de si el periodismo es un oficio o una profesión, cuando ambos significados se quedan cortos, si uno quiere ejercerlo y vivirlo a plenitud, las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Y no se trata de que el periodista deba estar conectado permanentemente para estar bien informado. Lo importante es entrenar nuestros sentimientos, nuestras sensibilidades y poner a prueba el sentido común, con los hechos y personas a los que vemos allí donde nos encontramos.

 

Y ese contacto con la sociedad y la actitud frente al poder los que deben llevarnos a reflexionar diariamente sobre nuestro desempeño, como comunicadores, y desde los medios de comunicación. Hoy lastimosamente se ven peligrosas señales cuando, los periodistas analizan y dan a conocer los hechos, desde su punto de vista y, en muchos casos, desde su prejuicio. Más aún. Es una lástima cuando se juzga y condenan a hechos o personas a partir del efecto de aquél o aquello en el comunicador. Ante todo nos debemos a la sociedad y es por ella que debemos velar y cumplir los principios éticos.

 

En las aulas de la universidad también se alienta el necesario debate sobre la objetividad y subjetividad. Es importante, pero en la escuela de las calles se aprende a convertir la búsqueda del dato en una obsesión por acercarnos a la verdad. Y ese ejercicio cotidiano debe ser cultivado también por los jóvenes de Buena Fuente.

 

Y cómo no olvidar a aquellos reconocidos académicos que citan a diferentes autores para denunciar la propiedad de los medios, para denunciar la manipulación de la información ideada por un grupo reducido y consumada, silenciosamente, por los periodistas. Convierten a unos en demonios y a otros en ángeles sumisos. Cuanta hace falta, por el contrario, trabajar en la formación íntegra, profesional y ética. En todo caso, los de Buena Fuente ya pisan las aulas de la calle.


 

Por

Grover Yapura Aruquipa

Titulado en Comunicación Social de la Universidad Mayor de San Andrés. Periodista especializado en planificación, gestión y desarrollo de proyectos periodísticos. Director de la revista impresa Oxígeno, del portal Urgentebo y del semanario alteño El Compadre.