El periodismo de hoy

Por Gonzalo Pérez Bejar
Las cosas realmente cambiaron, porque en la actualidad uno puede estar sentado buscando en todas las páginas existentes en el mundo. Pero la pasión de seguir los casos o estar tras de un dato buscando acercarse a la verdad o lo más lindo: servir a la gente que lo necesita y que luego a uno le diga “gracias”. Ése el premio a un trabajo que cada día, por más que las cosas cambien, sigue haciendo apasionante. Eso ni el desarrollo de la tecnología va cambiar.
14 de Agosto del 2017 00:38

Lejos que dieron los días cuando el periodista (que trabajaba en prensa escrita o mejor dicho periódico) tenían que salir o abandonar su fuente de trabajo con el periódico bajo el brazo.

 

Aunque los lectores no lo crean. Es la pura verdad, porque hace más o menos unos 20 años atrás los trabajadores de prensa no contaban con las condiciones tecnológicas como las que existen en la actualidad (celular o internet).
Atrás quedaron las largas jornadas cuando el trabajo en una sala de redacción recién se iniciaba a las 20.00 porque a esa hora era cuando llegaban la mayoría de los periodistas después de hacer cobertura, todo el día en su fuente.

 

Eran verdaderos hervideros, donde la ansiedad y la tensión eran el pan de todos los días. Siempre cuidando de que la competencia no tenga la “Pepa” con la que se contaba y podría poner en jaque a alguna autoridad gubernamental.
Realmente eran viejos tiempos donde muchos periodistas vivieron las perores épocas de la represión y las dictaduras; y supieron sobreponer su trabajo y sus principios a un servicio que en la actualidad no ha cambiado porque sigue siendo el mismo, a pesar de las figuras y la realidad se ha transformado rotundamente.

 

Salir con el periódico bajo el brazo era común. Había que esperar al turnero (periodista que se quedaba toda la noche a monitorear y actualizar la información), muchas de veces provocaba el cambio del título principal de tapa. Huasca si se equivocaba o se hacía patear. El memorándum era casi seguro.

 

En esos días el peso de la televisión no era tan importante como hoy, porque los que marcaban agenda siempre han sido los periódicos. Eso al parecer no ha cambiado mucho porque el trabajo en una redacción de periódico es de más profundidad (esa afirmación es producto de la experiencia recogida en más de 20 años de trabajo).

 

 TECNOLOGÍA

Gracias al desarrollo de la tecnología, ahora se puede acceder a la información en segundos y de todas partes del mundo.  Basta apretar una tecla o hacer un clic en el cursor para obtener la información que uno requiere. Recordar con nostalgia las salas de teletipo o cables internacionales. Había que esperar que aparezca en pantalla o se imprima en papel. La alegría era desbordante cuando llegaba la noticia y la oportunidad para salir gritando de ese pequeño ambiente “pare máquinas, pare máquinas”. Llegó la noticia que se esperaba.  

 

Atrás quedaron las largas jornadas de espera para lograr el contacto deseado con una fuente que podía facilitarnos la información que se busca. Horas de horas parado en puertas del Ministerio de Gobierno a la espera de que el titular de ese despacho salga para hacerle la pregunta clave: “tiene información sobre la presencia de grupos guerrilleros en Bolivia” u otras tantas que ya se esfumaron en la nebulosa del tiempo.

 

Las cosas realmente cambiaron, porque en la actualidad uno puede estar sentado buscando en todas las páginas existentes en el mundo. Pero la pasión de seguir los casos o estar tras de un dato buscando acercarse a la verdad o lo más lindo: servir a la gente que lo necesita y que luego a uno le diga “gracias”. Ése el premio a un trabajo que cada día, por más que las cosas cambien, sigue haciendo apasionante. Eso ni el desarrollo de la tecnología va cambiar.

 

Aprovecho para hacer mención a grandes periodistas con los que compartí la sala de redacción, todos ellos ya no están entre nosotros. Ahí está don Ted Córdova (Gran director), Óscar Gutiérrez (él me dijo que lo reemplazaría en su trabajo), “Pitín” Glasinovick, Víctor Hugo “Pajarito” Sandoval (con él hicimos parar la rotativa cuando detuvieron en Brasil a Luis García Meza) y al “Gordo” Saravia (asiduo hincha del Bolívar que cuando cubría los clásicos se apostaba detrás del arco de The Strongest y con sus famosas migas molestaba al arquero Luis Galarza). A todos ellos mis respetos.

Por

Es periodista de El Diario